Caracas 3000, un cuento electrónico

Aun estoy sufriendo las secuelas del fin de semana. Vaya vida nocturna y cultural que tiene Caracas. De verdad que no paré desde el miércoles: cada día algo diferente, actividades de altísima calidad y mucha fiesta, para ser sincero. El cuento es largo pero trataré de resumir y obviar algunos detalles de los afters en Caracas 3000.

El miércoles, al salir del trabajo, me invitaron a un concierto de Kraftwerk. Pensé que era algo bastante exclusivo, ya que a la banda la había traído una reconocida marca de audio para el lanzamiento de un nuevo producto, el cual presentaron primero en Venezuela y luego lo harían en el resto de Latinoamérica. La gente de VOID se lució, lo que pensé que sería algo pequeño, resultó ser un nutrido concierto en el que habrían, al menos, 4000 personas en la terraza del Sambil. El nuevo sistema de sonido que presentaron tuvo una respuesta super cristalina y una potencia espectacular en los sub bajos. Por otro lado, el performace de Kraftwerk fue increíble, la asistencia quedó totalmente cautivada con el show. Los tragos de ginebra con pepino patrocinados por Hendrick´s le dieron el toque maestro a la noche, tanto así que, al terminar el evento, seguía con ganas de continuar la rumba: nada raro en mí para los que me conocen.

Decidimos irnos al nuevo Suka que recién abría en la azotea del Cubo Negro en Chuao. Casi 2000m2 de puro esparcimiento y diversión; el local estaba a reventar, como siempre… Y la música ni hablar. Desafortunadamente, para cuando llegamos ya se había bajado Seth Troxler y ya estaba montado Jamie Jones, la pista estaba súper caliente y el sonido Funktion1 hacía lo suyo. Estuvimos tripeando ahí como hasta las 6 am y la fiesta seguía con pinta de que se podía prolongar un par de horas más como mínimo, pero yo tenía que trabajar en la mañana, así que decidí retirarme a casa, muy a pesar de los intentos fallidos de mis amigos, quienes querían remolcarme al after en el que tocaba Paco Osuna y Christian Varela en Rad, un nuevo local ubicado en un zótano de la Baralt.

Logré llegar al trabajo a las 12 del mediodía con algo de resaca, pero con buen sabor de boca de la noche anterior. Poco después del almuerzo empezaron los panas a reventarme los chats, muchos para que los anotara en la lista de del festival WISH que comenzaba esa noche en el Parque del Este, y que se prolongaría hasta el domingo, presentando más de 100 artistas audiovisuales nacionales e importados. Había emoción, ya que era la primera edición del festival y el cartel lucía prometedor.   Además, me habían dicho que el montaje estaría brutal. Nina Kraviz y Metronomy se encontraban en el país por primera vez y teníamos muchas expectativas con sus actuaciones.

Finalmente, resolví todos los pendientes en el estudio y decidí ir a buscar a una amiga para ir a comer a un bistró que acababa de abrir una curiosa pareja de franceses, quienes se habían venido a vivir a Caracas hace par de años atraídos por la bonanza de nuestro terruño.

Creo que comí demasiados escargots, pero que ricos estaban, muy a pesar de que me mandaron directo al baño. Después de 3 botellas de vino y un monchis de 3 estrellas Michellin nos fuimos al festival. Otra vez volvía a ver el amanecer Caraqueño después de semejante musicón. El sonido lo apagaron a las 7am para, en pocas horas, reactivar de nuevo el segundo día de festival, obviamente después de las labores de mantenimiento y montaje técnico.

Necesitaba dormir un poco. Por la noche no volvería al WISH porque tenía un toque en el Hotel Humboldt. A los de la promotora Conectados les dio por traer a Sven Vath, Richie Hawtin y Ricardo Villalobos para aprovechar todo el turismo flotante que diambulaba a cuasa del festival. Desde hace más de un mes tanto el festival como la fiesta del Humboldt estaban sold out. Los promotores y aliados internacionales se movieron muy bien con el mercadeo y la logística de los eventos. Es irónico, pero a veces resulta agobiante el exceso de turistas, porque se apoderan de todos los espacios y a los locales nos toca hacer largas fila. Pero que más da, es el precio que hay que pagar por la lluvia de $$$ que entran al país por concepto de turismo anualmente.

La fiesta de los Conectados estuvo mundial. Me tocó hacerle el warm up a ese trío de leyendas. Debo confesar que estaba un poco nervioso, pero ya para la última hora de mi set, la pista estaba calentita y yo súper suelto. Después de que me bajé lo que vino fue ¡fiesta en banda! Vath, Hawtin y Villalobos se pegaron más de 10 horas haciendo un back to back to back que dejó a todos flipando. Durante ese tiempo recibí varios videos del festival: esa noche se presentaban Artic Monkeys, Björk, Justice y Carl Cox como cabezas de cartel; desde la montaña se podía ver el show de luces que había en el parque, muy impresionante, pero no me importó porque me la estaba pasando de puta madre. Mis panas tenían un buen arsenal de juguetes y y estaban generosos como siempre; el plan era bajar por el teleférico a La Guaria a un after que montaban el sabado a medio día en Caraballeda en un campo de golf. Y así fue. Ya para ese punto mi nivel de energía estaba bajo, pero me desperté cuando me topé con una modelito Checa que me volteó el coco. Estuvimos en el after un buen rato, como hasta las 7 pm, y de ahí me la llevé a casa de unos panas en Todasana donde había un privadito con algunos de los artistas que vinieron al WISH. La verdad es que de ahí lo que hice fue encabinarme en una habitación hasta el domingo con ese bombón, el resto es historia.

El domingo a final de la tarde subimos de nuevo a Caracas. El tráfico estaba lento en la capital porque también se estaba presentando U2 en el Estadio Universitario, sin embargo logramos sortear la cola de la autopista sin mayor problema. Estábamos muertos de hambre así que optamos por llevar a los panas a sus hogares. Querían volver al cierre del tercer día de festival, pero yo, la verdad, no daba para más, preferí ir a casa a comer y ver Netflix con mi nueva jevita de la República Checa. Sushi a domicilio, helados y bórralo, a empiernarse hasta la mañana.

Lunes, 7am, suena mi despertador con el tono de costumbre, abro los ojos y me doy cuenta de que mi cama está vacía. Miré a mi alrededor en búsqueda de la musa eslava que me movió el suelo, pero por más que busqué, no la encontré. Me percaté de que mis interiores estaban acartonados y en eso caí en cuenta de que no había ninguna Checa, había tenido un sueño húmedo y, peor aún, seguíamos viviendo en socialismo… en dónde nada es posible en un hoy sepultado y todo puede pasar en Caracas 3000.






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