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La odisea de un DJ en Venezuela

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Por: Ordep Zerep

Es bien sabido que la vida de un dj promedio de música electrónica “no comercial” no es fácil en ningún lugar del mundo, hay muchos altibajos que no brindan la estabilidad que puede ofrecer un quince y último, sin embargo, con talento, constancia, esfuerzo, y tres dedos de frente puedes lograr tener una vida más o menos digna siendo un pinchadiscos en un país desarrollado. Ahora bien, la historia cambia radicalmente cuando colocamos en la mira a cualquier dj venezolano que se jacte de ser underground. En este momento me dispongo a hacer un análisis socio económico de lo que puede resultar la vida de un dj de música electrónica en Venezuela.

Generalmente la mayoría de los dj’s provienen de estratos sociales relativamente acomodados, muchos comienzan sus carreras al mismo tiempo que viven en la casa de sus padres. Esto significa que la mayoría no tiene que pagar una renta por concepto de vivienda, ni se ve obligado a llenar la nevera regularmente, mucho menos pagar por un seguro de vida o auto, ni médicos, ni casi nada, cuando mucho pagan sus estudio y gastos personales a la hora de salir a la calle con sus amigos. Las cosas cambian con el tiempo,  ahora que la inflación apremia, y debes mantenerte por tus propios medios, para vivir “medio similar” a como vivías con tus padres, actualmente necesitas unos 50.000 BsF mensuales para llevar una vida de profesional independiente de clase media con sin muchos periquitos. De aquí cada quien puede sacar su cálculo personal y comenzar a emitir su propio juicio.

Obviamente no se puede generalizar, pero la mayoría de los noveles son jóvenes universitarios que comienzan a coquetear con la electrónica gracias a los equipos que se compraron con algunos ahorros, o gracias a que sus padres les ayudaron a comprarlos. Con el actual precio del dólar, resulta virtualmente imposible para cualquier dj amateur (y bastante improbable para un pro) adquirir equipos de alta gama; estamos hablando de invertir como mínimo unos 400.000 BsF por un set up “de verdad”. En consecuencia, la gran mayoría comienza comprando equipos usados y de marcas poco reputadas dentro del entorno profesional, o se van directo al laptop djing; esto sin dejar de ser una inversión cuantiosa, para alguien que gane un sueldo mínimo de unos 6.000 BsF (60, si 60 dólares) mensuales, se le hace muy cuesta arriba, por no decir imposible.

En los años 90 cuando repunta la fiebre electrónica, el vinilo vuelve a ser el protagonista de la noche.  La situación en Venezuela era relativamente diferente, pero resultaba también muy costoso y complicado comprar discos de vinil sin salir del país. Era una época en la que sólo unos pocos tenían Internet, y el comercio electrónico estaba en pañales, el acceso a la música underground era muy restringido, solo para conocedores y unos pocos afortunados. Para ese entonces era necesario gastar unos 600$ para poder llenar una maleta de discos y tener una selección más o menos aceptable para tocar un par de meses. Era otra época, habían pasajes baratos, y no teníamos controles de cambio tan intensos, el país ya estaba bastante mal, pero teníamos acceso a bienes importados.

Ahora que estamos a mediados de la segunda década del siglo XXI, el juego ha cambiado diametralmente, para bien de unos, y para mal de otros, actualmente casi nadie paga por la música que se pincha en Venezuela. Comprar discos de vinilo quedó prácticamente reducido  para excéntricos adinerados y melómanos acérrimos, y los mp3’s para un número limitado de personas que tienen tarjeta de crédito venezolana con cupo electrónico de 300$ al año, o aquellos que tienen cuentas en el extranjero y acceso a dólares o euros. Pero hablando claro, el grueso no entra en ese rango, aquí todo el mundo se dedicó a la piratería, no por que quieran, sino más bien porque no tienen otra opción. Está bien complicado tocar todo 1 año con aproximadamente 150 canciones que compraste con tu cupo CADIVI, esto sin contar con que te hayas comprado algún otro gadget necesario para ejercer el rol de dj.

Lamentablemente para la industria musical, y para los productores musicales, los pocos ingresos que podían obtener de dj’s y aficionados a la música venezolanos ha mermado casi en su totalidad. Afortunadamente para los dj’s locales, hoy día tienen acceso a música gratuita (pirateada) como nunca antes en la vida, así que muchos pueden tener nutridas librerías musicales invirtiendo solo el tiempo necesario en investigar, escuchar y bajar, pero sin pagar un céntimo por la piezas. Cualquiera pensaría que en principio estamos “mejor” en ese punto, pero esto me lleva a un cuestionamiento importante: ¿Con qué ojos mira un dj internacional consagrado cuando se percata que su homólogo en venezolano está tocando puros temas pirateados, o en su defecto, cuando algún talentoso local tiene la suerte de salir a tocar en otro país?,  ¿será que los derechos de autor desaparecieron en el país?

Ahora que superamos los puntos de la compra de equipos y música, nos toca lidiar con otro tema de trascendental importancia dentro de la ecuación productiva de cualquier dj: Los Gigs. Debido a la gran ola de violencia que ha vivido el país desde hace un buen rato, con ejemplos terribles y lamentables como el tiroteo suscitado en la fiesta de Carl Cox en el Poliedro hace 7 años, los locales le han dado en gran medida la espalda a las nuevas propuestas electrónicas que emergen con frecuencia en diversos estados del país. En pocas palabras, ya casi no hay locales de electrónica en Venezuela, aunado a esto, la gente no quiere salir a la calle por la noche por temor a ser asaltados, secuestrados, o asesinados. Así que el tema de los toques también se ha visto socavado por la inseguridad y la emigración causada por ella; cada día hay más dj’s, pero a la vez menos locales y menos público lo cual se traduce en menos posibilidades para hacer vida profesional, y en caso de hacerlo, los pagos no son cuantiosos en un 80% de los casosl. El concepto del multitudinario 24 hour rave party murió tal y como lo conocimos hace más de 10 años… y que les puedo decir del 48 horas… Las fiestas desde hace rato se mudaron a las discotecas, salas de eventos, casas resguardadas con la mayor seguridad posible, y hasta burdeles. La gente está literalmente cagada de salir a la calle, solo unos cuantos valientes y arriesgados se animan a dar el todo por el todo en por una buena fiesta.

Estos intrépidos jóvenes rumberos que hoy en día le dan vida a la escena electrónica venezolana no están exentos de la golpiza que nos está propinando la inflación desmedida a todos los venezolanos. Menos cobres en los bolsillos para pegarse las congas hace que la frecuencia de salidas de casa disminuya sustancialmente. Hoy en día casi nadie se puede pegar unas 3 buenas salidas nocturnas por semana tomándose al menos 5 tragos por día, pagando un cover para entrar a un local, y quien sabe si algún otro antojo recreativo… El poder adquisitivo de la mayoría de la población en Venezuela se fue al fozo, por allá dónde el Diablo fríe arepas…

En contraste a la insoportable convulsión económica y social que vive el país, Venezuela presenta un saldo positivo en cuanto a la generación de talentos musicales en el rubro del djing y la producción de música electrónica. De estas tierras y de estas épocas de crisis han surgido varias camadas de estrellas que están marcando la pauta en el entorno internacional; consecuencia de su indiscutible talento, aunado al hecho de que la gran mayoría de estos artistas han tenido que emigrar (algunos casi en contra de su voluntad) a países desarrollados donde realmente viven con más oportunidades de ver compensado su esfuerzo por la apreciación de un público ávido de cultura musical y mejores condiciones económicas. Sin embargo, todavía queda gente dentro del país dando la talla y aportando su respectivo grano de arena con miras a no dejar que muera la electrónica en Venezuela, gente que mantiene a toda costa esa llama encendida, pase lo que pase, haciendo eventos de calidad con muy buenos dj’s y productores musicales en su mayoría locales, y con algunos internacionales esporádicamente.

Tanto los que se fueron, como los que se quedaron, los que volvieron, y los que están por irse, los que logran mantenerse con la música, y los que les toca ser dj a tiempo parcial, a todos nos mantiene vivos la pasión por esa forma de arte que tanto amamos, esa que acapara nuestros sueños y pensamientos y los sumerge en un bálsamo estelar que se percibe por allá en los 35Hz, dónde los sub bajos son suficiente razón como para hacernos superar mentalmente cualquier barrera impuesta por babylon. Con crisis o sin crisis, siempre seremos unos rebeldes de la cultura, siempre estaremos dando la batalla en el intento de llevar a otro nivel la electrónica en el país y en el marco internacional. Al fin y al cabo, todos estamos en este juego por la pasión por la música, y los altibajos son gajes de este oficio…





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