Estoy en contra de la piratería, pero el sistema me obliga

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Por: Federico Blank aka Ordep Zerep

Estoy en contra de la piratería, pero el sistema me obliga: Mi testimonio no puede alejarse más de la realidad, es un hecho de facto producto de la situación que atañe la vida de cualquier dj venezolano residenciado en su país. Es más que sabido que los dj´s somos consumidores de música con estándares muy altos en los niveles de descargas y compra de discos; en materia de números, ocupamos una buena tajada, por no decir que casi todo el pastel en las estadísticas de compra de música electrónica underground en Estados Unidos, Europa y parte de Asia.

En cualquier caso, en la mayoría de las ciudades y pueblos civilizados, los dj´s visitan las escasas tiendas de discos que aún existen cerca de sus localidades, en otras ocasiones, descargan mucha música digital por la que generalmente pagan, y la que no, les llega en formato de “promos o freebeees” (a los dj´s de cierta reputación). Puedo afirmar que este es el deber ser, sin embargo, muy distinta es la realidad de los países en vías  de desarrollo que poseen monedas débiles y difícil acceso a divisas extranjeras.

Venezuela encaja perfectamente en este caso: un país con un Bolívar ultra devaluado y una convertibilidad a moneda extranjera prácticamente nula por vías oficiales se ha transformado en un perfecto caldo de cultivo para la piratería, no únicamente de música, sino de software y video también. Esta misma situación puede verse fácilmente replicada en otros países de América Latina, África y algunas otras zonas puntuales del planetam incluyendo países desarrollados también.

Las matemáticas no fallan, hagamos un corto ejercicio para demostrarlo. Supongamos que un dj en Venezuela quiere comprar un track que acaba de salir de manera exclusiva en Beatport, para ello tendrá que pagar $2,49, lo cual equivale a 74.700 BsF (a la tasa del Dólar de hoy según dolartoday.com). Ahora bien, digamos que ese mismo dj quiere comprar otra canción, podría ser en Bandcamp, donde el precio promedio de una tema vendido directamente por el artista o sello discográfico  puede estar en el orden de $1, lo cual equivale a unos 30.000 BsF.

Tomemos en cuenta lo que le pueden pagar (con suerte) a un dj local en diferentes escenarios en Venezuela:

  • Bar: 50.000 a 300.000 BsF – ($1,66 a $10)
  • Discoteca: 100.000 a 1.000.000 BsF – ($3,33 a $33,33)
  • Evento privado: 100.000 a 3.000.000 BsF ($3,33 a $100)

Muy, pero muy pocos dj´s en Venezuela tienen el privilegio de poder cobrar uno que otro toque en Dólares, pudiendo obtener entre $200 y $400 por pinchada. Así que por motivos prácticos, vamos a centrarnos en aquellos que mezclan y les pagan en Bolívares.

Supongamos que un dj más o menos movido (tomando en cuenta lo deprimida que está la escena) tiene un promedio de 4 toques al mes, cada uno de 200.000 BsF para no complicar mucho la aritmética; eso suma 800.000 BsF al mes por tocar. No pareciera tal mal, tomando en cuenta que el sueldo mínimo en Venezuela ronda los 400.000 BsF, pero cuando convertimos esa cifra a Dólares, nos damos cuenta de que ese pago se transforma en unos míseros $26,6 al mes.

Un dj, como cualquier otra persona debe comer, pagar renta, servicios, vestimenta, transporte y diversión, eso como mínimo; todo con $26,6. En este punto comienza el realismo mágico que experimentamos todos las personas que vivimos en Venezuela. Ese dj, así como la gran mayoría de los venezolanos debemos hacer magia para lograr llegar a fin de mes.

Ahora tomemos en cuenta que los dj´s también tienen necesidades específicas como: equipos y música. SI, música, mucha música. Un dj mínimamente respetable necesita tener un play list de al menos 150 temas (por toque) para tener algo de margen musical, y poder adaptarse a la pista. Sabiendo esto, volvamos a nuestro modelito matemático y convirtamos esos 150 tracks a Dólares, lo cual podría ser en promedio (tirándolo a barato), unos $225, y si lo convertimos a BsF obtenemos la bicoca de 6.750.000 BsF.

Basta con tener tres dedos de frente para darse cuenta del abismal desbalance que hay entre el costo de la música y lo que puede facturar un dj promedio mezclando. Resulta totalmente imposible comprar música, únicamente los pocos privilegiados que pueden cobrar en dólares tendrán la opción de comprar música por Internet para seguir alimentando “legalmente” sus librerías musicales.

Quise tomar el caso particular de un dj para poder ilustrar esta situación desde la perspectiva de una persona que genera ingresos por colocar música. Ahora, imaginemos a las personas comunes y corrientes, aquellas que les gusta la música, y quieren comprarla, pero simplemente no pueden hacerlo. Lamentablemente sus ingresos son escasos y no tienen acceso a moneda extranjera. Únicamente las personas con un alto poder adquisitivo y cuentas bancarias en el extranjero pueden darse el lujo de comprar música viviendo en Venezuela.

Como dj y productor, me enfrento constantemente a un dilema ético-moral. Muy a pesar de que puedo tener acceso a dólares, y me llegan promos constantemente, me veo obligado a recurrir a la piratería porque el sistema económico de Venezuela nos estrangula cada día con más fuerza, la galopante inflación nos abruma al punto que terminamos trabajando netamente para comer y poca cosa más. Comprar música difícilmente puede ser una prioridad en un sistema económico como el que impera actualmente en el país.

Estoy convencido que el trabajo de un músico, sello discográfico, e incluso una tienda virtual o física (entre muchos otros) debe ser retribuido. El Internet ha venido transformando vertiginosamente el mercado de la música en los últimos 20 años, hasta el punto que en los países desarrollados ya casi han llegado a conseguir un nuevo punto de “equilibrio” en sus respectivas industrias musicales. Pero, ¿cuál será el devenir de la industria musical en los países tercermundistas? ¿disminuirá en algún momento la piratería? Quisiera pensar que sí, pero cuando lo contrastamos con la realidad, se vaticina un futuro bastante gris en lo relativo a las ventas de música y contenidos con derechos de autor en los países del tercer mundo.

En mi caso personal, me he auto forzado a trabajar más en producir y tocar en formato Live Set para así poder contrarrestar un poco el problema de mi dilema ético-moral. Por lo menos cuando me pagan por tocar un Live Set tengo la tranquilidad de que no me estoy lucrando gracias a la apropiación ilegítima de música que no he comprado.

It is what it is…

 






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